e. e. cummings
en un lugar que nunca recorrí, alegremente más allá
de cualquier experiencia, tus ojos tienen su silencio:
en tu más frágil gesto hay cosas que me cercan,
o que no puedo tocar porque están demasiado próximas;
tu más leve mirada fácilmente puede abrirme
aunque me haya cerrado a mí mismo como
me abres siempre pétalo por pétalo como la primavera abre dedos,
(tocando con habilidad y misterio) su primavera rosa,
o si tu deseo fuera cerrarme, yo y mi vida
nos cerraríamos hermosamente, de súbito,
como cuando el corazón de esta flor imagina
la nieve cayendo cuidadosamente por todas partes;
nada de lo que hemos de percibir en este mundo iguala
el poder de tu intensa fragilidad cuya contextura me impulsa
con el color de sus países
dando la muerte y para siempre con cada aliento.
(no sé qué hay en ti que se cierra
y no se abre; sólo algo en mí comprende
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)
nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas.

M dijo
Si. Intensidad. Pero acá es la fragilidad la intensa. No, no, no. Eso no es intensidad.
20 Enero 2006 | 07:03 PM